jueves, 8 de enero de 2009

el paro sustraido

Hoy, la gran mayoría de los ciudadanos asume la inefable realidad del paro con toda normalidad. Se cree que es algo intrínseco a nuestro modelo de sociedad. Los empresarios lo consideran un mecanismo necesario, la derecha política una herramienta para regular el mercado laboral y los socialistas un mal menor. Los primeros querrían que el paro fuera una bolsa donde ir a buscar mano de obra barata y bien formada, los segundos querrían que el paro lo solventaran económicamente los trabajadores y los terceros buscan fórmulas para que no sea muy gravoso al Estado y a los empresarios.
Para la izquierda el paro es un paso hacia la marginación. Una persona en el paro es un marginado del mundo laboral. Se podrá decir que no se debe tirar la toalla, que es una etapa normal y transitoria, que hay que mover el culo, que se pueden hacer muchas cosas… Sin embargo, la realidad es otra. Cada edad de la vida tiene un tipo de paro diferente: el joven que busca su primer empleo, el trabajador en activo que está abocado a la situación de parado, y el que comienza la cuenta atrás en su edad laboral. En estas tres etapas la frustración tiene diferente intensidad y dramatismo.
Acostumbrarse a esta lacra es lo que nos ha llevado a esa fractura existente en el mundo laboral, los que tienen un puesto de trabajo fijo y los “volantes”. Si el trabajador en paro no tuviera prestación alguna, la organización de esta sociedad sería completamente diferente, ¿se imaginan una sociedad con tres millones de parados -más sus familias- sin nada que llevarse a la boca?
Debemos tomar conciencia de que la asunción del paro como un mal menor es un derecho sustraído a nuestros hijos, de conocer una sociedad más justa y equilibrada.

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