martes, 27 de mayo de 2008

jugando a las chapas

Recuerdo que cuando era niño mi madre siempre me estaba llamando para que entrara en casa. La verdad es que la casa no era muy acogedora, pero sin embargo, la calle era de los niños, no había peligro. Las calles del barrio donde yo vivía no estaban asfaltadas y eso facilitaba mucho todo tipo de juegos infantiles. Hoy las cosas han cambiado mucho, han cambiado tanto que salir a la calle es un peligro, hoy las madres tienen que empujar a sus hijos para que salgan de casa. ¿Qué comporta este cambio? Me gustaría poder dar una contestación rotunda, pero no soy experto en relaciones humanas. Algo sí puedo aportar: antes el niño pasaba mucho más tiempo jugando, y tenía que resolver las dificultades que le planteaba la vida sin la mirada de sus padres, aprendía en colectivo, su imaginación no tenía límites para resolver problemas, sabía discernir lo que estaba bien y lo que estaba mal, su vida era más transparente, más social.

Los de mi generación no tuvimos suerte en cuanto al desarrollo y respeto de las libertades, la dictadura nos marcó a fuego la forma de conducirnos en la vida, hemos transmitido valores falsos que han propiciado unos seres infelices. La masificación de las ciudades, la especulación del suelo, la falta de equipamientos han hecho de la ciudad un lugar inhóspito, agresivo, que poco ayuda a que las generaciones actuales y venideras puedan corregir los errores cometidos.

Tenemos que salir de casa, tomemos la calle, hagamos que el barrio hierva de actividad, dejemos la tele para esos momentos en que todos decidamos irnos a dormir.


Moraleja: si dejamos de ver la tele, las empresas anunciadoras dejarán de sufragar a las cadenas privadas y solo quedará la pública, eso sí, para educar.

criticar por criticar

¿Quién no ha sentido en alguna ocasión la necesidad de criticar?
Algunas personas tienen una predisposición para criticar muy desarrollada, todo lo que se hace a su alrededor es merecedor de un reproche. Yo tenía un vecino que era pintor, por tanto, sus obras siempre estaban expuestas a las miradas, él decía que los críticos son como los parásitos: viven porque hay artistas.

Hay críticas constructivas y críticas destructivas, pero yo pienso que la crítica es siempre destructiva. El crítico siempre se sitúa en un peldaño por encima del que es criticado, lo sabe todo o casi todo sobre lo que crítica, utiliza para su labor destructiva una referencia, y esa referencia la tiene enmarcada en secreto y guardada bajo llave. Sin esa referencia está perdido, no sabría como despedazar a su presa.

Algo que he aprendido últimamente y después de muchos años de criticar, es que la mayor riqueza que tiene el ser humano es la libertad de expresarse en la forma que le venga en gana y que si se le pide opinión, la da, con el único fin de dialogar.

viernes, 23 de mayo de 2008

queremos imposibles

Algunas veces el hombre en su camino hacia la idiotez pide cosas imposibles. A él le gustaría que en su pequeño jardín no germinaran malas hierbas; también le encantan los pajaritos revoloteando por su jardín, pero que aniden en otro lugar, que lo ponen todo perdido. A la mayoría les gusta, bueno, quieren tener hijos, pero que no crezcan, que hacen cada pregunta... Los hay que les gustaría que cuando tienen que hacer una chapuza en casa o hacer alguna labor desagradable, viniera algun inmigrante, eso sí, con todos los papeles en regla, y zas, dicho y hecho, rápidamente a la frontera y a su casa, o a su país. Algunos invaden un país, les roban sus riquezas naturales por la fuerza y se sorprenden de que los invadidos se levanten en armas y defiendan lo que les pertenece.
Está claro que el hombre es una especie a extinguir, no ha entendido cuál es su papel en este mundo. Han pasado cuatro días desde que empezó a pensar y poco le queda si no corrige el tiro.